Somos Sofía y Samara y vamos a comentar algunos libros que nos han gustado y que os recomendamos leer.
Vamos a empezar comentando una novela del escritor Carlos Ruíz Zafón.
Aparte de de la obra Marina, sobre la cual voy a hablar ahora, Zafón tiene también otros libros como:
- La trilogía de la niebla, que es una recopilación de las tres siguientes obras: El príncipe de la niebla (1993), El palacio de la medianoche (1994) y Las luces de septiembre (1995).
- Serie El cementerio de los libros olvidados, compuesta por las siguientes novelas: La sombra del viento (2001), El juego del ángel (2008), El prisionero del cielo (2011).
Recomiendo leer este libro que llegó a mis manos de forma inesperada y me ha hecho cambiar mi forma de leer y de elegir futuros compañeros de mesilla.
Aquí os dejamos un resumen del libro:
"En la Barcelona de 1980 Óscar Drai sueña despierto, deslumbrado por los palacetes modernistas cercanos al internado en el que estudia. En una de sus escapadas conoce a Marina, una chica audaz que comparte con Óscar la aventura de adentrarse en un enigma doloroso del pasado de la ciudad. Un misterioso personaje de la posguerra se propuso el mayor desafío imaginable, pero su ambición lo arrastró por sendas siniestras cuyas consecuencias debe pagar alguien todavía hoy."
Y el prólogo del libro, junto con el enlace para que podáis verlo online.
"Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió.
Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras.
Pero más vale que empiece por el principio, que en este caso es el
final
Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió.
Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras.
Pero más vale que empiece por el principio, que en este caso es el
final.
En mayo de 1980 desaparecí del mundo durante una semana. Por
espacio de siete días y siete noches, nadie supo de mi paradero.
Amigos, compañeros, maestros y hasta la policía se lanzaron a la
búsqueda de aquel fugitivo al que algunos ya creían muerto o perdido
por calles de mala reputación en un rapto de amnesia.
Una semana más tarde, un policía de paisano creyó reconocer a aquel
muchacho; la descripción encajaba. El sospechoso vagaba por la
estación de Francia como un alma perdida en una catedral forjada de
hierro y niebla. El agente se me aproximó con aire de novela negra. Me
preguntó si mi nombre era Oscar Drai y si era yo el muchacho que
había desaparecido sin dejar rastro del internado donde estudiaba.
Asentí sin despegar los labios. Recuerdo el reflejo de la bóveda de la
estación sobre el cristal de sus gafas.
Nos sentamos en un banco del andén. El policía encendió un cigarrillo
con parsimonia. Lo dejó quemar sin llevárselo a los labios.
Me dijo que había un montón de gente esperando hacerme muchas
preguntas para las que me convenía tener buenas respuestas. Asentí de
nuevo. Me miró a los ojos, estudiándome. "A veces, contar la verdad no
es una buena idea, Oscar", dijo. Me tendió unas monedas y me pidió
que llamase a mi tutor en el internado. Así lo hice. El policía aguardó a
que hubiese hecho la llamada. Luego me dio dinero para un taxi y me
deseó suerte. Le pregunté cómo sabía que no iba a volver a
desaparecer. Me observó largamente. "Sólo desaparece la gente que
tiene algún sitio adonde ir", contestó sin más.
Me acompañó hasta la calle y allí se despidió, sin preguntarme dónde
había estado. Le vi alejarse por el Paseo Colón. El humo de su cigarrillo
intacto le seguía como un perro fiel.
Aquel día el fantasma de Gaudí esculpía en el cielo de Barcelona
nubes imposibles sobre un azul que fundía la mirada. Tomé un taxi
hasta el internado, donde supuse que me esperaría el pelotón de
fusilamiento.
Durante cuatro semanas, maestros y psicólogos escolares me
martillearon para que revelase mi secreto. Mentí y ofrecí a cada cual lo
que quería oír o lo que podía aceptar. Con el tiempo, todos se
esforzaron en fingir que habían olvidado aquel episodio. Yo seguí su
ejemplo. Nunca le expliqué a nadie la verdad de lo que había sucedido.
No sabía entonces que el océano del tiempo tarde o temprano nos
devuelve los recuerdos que enterramos en él.
Quince años más tarde, la memoria de aquel día ha vuelto a mí. He
visto a aquel muchacho vagando entre las brumas de la estación de
Francia y el nombre de Marina se ha encendido de nuevo como una
herida fresca.
Todos tenemos un secreto encerrado bajo llave en el ático del alma.
Éste es el mío."
http://www.educa2.madrid.org/web/educamadrid/principal/files/d7fd58f8-2f3e-4c66-b578-8bf5ecb0c7f1/Literatura%20juvenil/Carlos_Ruiz_Zafon_Marina.pdf?t=1371312827430
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